Hernán Basualdo y Mario Cruz se conocieron en la Unidad Nº 48 de San Martín, uno de los tantos penales bonaerenses creados en los últimos años para paliar la creciente demanda de cupos penitenciarios. Mario tiene 29 años, el pelo cortado al ras y los ojos grandes, como si jamás perdiera la capacidad de asombro. Pasó la primera década del siglo XXI preso por robo, pero desde noviembre de 2011 es hombre libre. Hernán, por su parte, nació el mismo año que su compañero y “sólo” estuvo 19 meses tras las rejas, acusado de un delito que ningún juez pudo comprobar.
Encerrados entendieron que algo debía cambiar en sus vidas para seguir adelante. El hambre, el frío y la violencia que sufrieron tras las rejas modificaron la visión que tenían sobre las cosas. En la cárcel vieron cómo muchos jóvenes de su edad no podían enderezar el rumbo y resbalaban una y otra vez, como si cargaran sobre las espaldas una mochila invisible, cuyo peso no les permitía dar el tan ansiado paso hacia la libertad. Entonces, por consejo de los presos más viejos, comenzaron a estudiar en la sede que la Universidad de San Martín armó hace algunos años en el penal del norte del Conurbano. Se anotaron en la carrera de Sociología, tomaron conciencia de su condición y se sumaron al centro de estudiantes Azucena Villaflor, la organización que otros detenidos habían formado para proteger su derecho al estudio.
Fueron tiempo duros. Mario fue torturado por los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense, luego de denunciar los atropellos institucionales y la falta de asistencia.
Pero los estudiantes se unieron y juntos salieron adelante. Resistieron y una vez en libertad, con la experiencia de haber luchado contra la máquina silenciosa de producir violencia del SPB, los muchachos se animaron y armaron una lista para presentarse junto a otros compañeros en las elecciones para elegir las autoridades del Centro de Estudiantes de la UNSAM. Para sorpresa de muchos, los ex detenidos ganaron. De esta manera, Mario se convirtió en el secretario institucional del estudiantado y Hernán en el secretario de Finanzas. Empezaba otra historia.

EL PRESENTE. El barrio Sarmiento está ubicado sobre la Avenida Bernabé Márquez al 5400, a pocas cuadras de la Ruta N° 8, en Billinghurst. Es un pequeño asentamiento de tres manzanas, que los vecinos de la zona llaman la Villa de los Paraguayos por la procedencia de la mayoría de sus habitantes. Allí la realidad pesa como plomo en el agua: en el último tiempo llegaron dos conocidos vendedores de droga de otra villa de San Martín y los jóvenes del lugar fueron reclutados para enrolarse como soldados en el ejército de los “transas”.
Pero Mario y Hernán no llegaron al barrio para participar del entramado criminal que domina la zona, sino que buscan transmitir su experiencia transformadora y enseñarles a los más adolescentes que otra historia es posible.
“Este grupo de trabajo –explica Mario– vivió una realidad similar a la de estos jóvenes. Por eso complejizamos el concepto del delito: no nos limitamos a ver sólo su acción, sino que entendemos que detrás de toda persona que delinque existe una carencia institucional que fomenta la reproducción del sistema punitivo.”
Después de charlar con los vecinos, Hernán y Mario lograron convencer a los familiares de otros detenidos para planear un espacio de contención para los más chicos de la zona. Así nació el merendero Los Amigos, acompañado del proyecto para asistir a los recién liberados, quienes actualmente no reciben la atención de un asistente social –el Patronato de Liberados no tiene asignado un especialista en el barrio y las personas que recuperan la libertad no reciben ningún tipo de subsidio– como marca la ley.
Pero la realidad superó las expectativas previas y el número de chicos que se acercaron a tomar una taza de mate cocido y comer un pedazo de pan rebalsó la capacidad de los organizadores, que cayeron en la cuenta que iban a necesitar algún tipo de ayuda económica para tratar de sostener la iniciativa. En eso andan los muchachos.
“Casi 100 niños asisten al merendero, es un esfuerzo enorme dar respuesta a la demanda. Tenemos como objetivo no sólo limitarnos a la tradicional copa de leche, sino que buscamos fomentar la educación entre los chicos, por eso tratamos de instalar a la universidad en el barrio porque no deseamos que los niños pobres de hoy, sean los detenidos de mañana”, explica Mario.
“Por eso buscamos concientizar a los vecinos, esa es nuestra tarea diaria, para que juntos rescatemos los derechos olvidados de nuestros compañeros detenidos y de los vecinos excluidos”, cierra.
Mario, junto a su amigo Hernán, a quien cariñosamente llama “El Enano”, pudieron reciclar el dolor de sentirse fuera del sistema y pagar el precio por intentar conseguir las cosas a cualquier costo. Ambos saben lo que cuesta vivir y luchan para que los chicos del Barrio Sarmiento tengan otra alternativa. Saben que la tarea no será fácil pero están acostumbrados a caminar cuesta arriba.

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